La dieta cetogénica es un tipo de dieta que provoca cambios metabólicos en el organismo que simulan el estado de ayuno. Su nombre, «cetogénica», viene de que eleva los «cuerpos cetónicos» en sangre. Es una dieta que se caracteriza por tener un alto contenido de grasas, moderado-bajo de proteínas y muy bajo en hidratos de carbono. En su día fueron muy populares para el tratamiento de la epilepsia refractaria, aunque luego dejaron de usarse debido a la aparición de fármacos más efectivos (sumado a la fe que tenemos las personas en que si enfermamos aparecerá algún tratamiento médico/quirúrgico que nos sanará) y a la mala prensa que se ganaron las grasas (injustificada, pero promovida por intereses económicos). Recientemente, vuelven a estar en el candelero y se está comprobando lo beneficiosas que son, en múltiples sentidos.

¿De qué va esta dieta?
El objetivo de esta dieta es «entrar en cetosis». En cetosis no se entra inmediatamente. Y tampoco es un estado concreto. Hay distintos niveles de cetosis, en función de las concentraciones que haya en sangre de cuerpos cetónicos. Para entrar en cetosis tenemos que restringir la ingesta de carbohidratos. O ayunar…
Para ser más específicos, la ingesta de carbohidratos no debe ser superior a 30-50 gramos al día (mejor 30 que 50). Al disminuir los niveles de glucosa en sangre, el hígado, principalmente, empieza a metabolizar las grasas, generando cuerpos cetónicos en su metabolismo. Los cuerpos cetónicos van a servir de combustible para el cerebro (que también puede utilizarlos, muy al contrario de lo que siempre nos han hecho creer: «que el cerebro necesita glucosa para funcionar») y los ácidos grasos también van a servir de combustible para el músculo (lo que nos va a permitir tener mucha energía disponible, almacenada en forma de grasa, lo que va a permitir mantener muy buen rendimiento, sobretodo en deportes de resistencia, siempre y cuando hayamos habituado al cuerpo a este estado metabólico y a utilizar las grasas como combustible). De este modo, mediante la cetosis, inducimos un estado metabólico-hormonal que favorece la «quema» de grasas y evita la producción de las mismas (cuando el aporte de hidratos de carbono es muy alto, la hormona insulina promueve la síntesis de glucógeno pero también de grasa, cuando los depósitos de glucógeno -que son limitados- están repletos -y cómo podemos observar en muchas personas, los depósitos de grasa parece que no tienen límites-).
El estado de cetosis favorece la conservación del músculo, con lo cual no vamos a tener unos requerimientos de proteína tan altos (depende también de la cantidad de ejercicio físico que hagamos), pero no podemos pasarnos de cantidad porque, si no, el exceso de proteína se transformará en glucosa (por un proceso que se llama «gluconeogénesis» y nos sacará de cetosis…
Los cuerpos cetónicos
Los cuerpos cetónicos son 3: el ácido hidroxibutírico, el acetoacetato y la cetona. Proceden del metabolismo de la Acetil Coenzima A en la mitocondria (y la Acetil CoA proviene de los triglicéridos, que también aportan ácidos grasos, que también sirven de combustible). En condiciones normales suelen estar en una concentración inferior a 0,5 mmol/l. Cuando digo condiciones normales me refiero a una persona que consuma hidratos de carbono sin ninguna restricción, no que el estado de cetosis sea un estado anormal. La cetosis es otro estado metabólico del cuerpo, que se activa cuando los carbohidratos están restringidos o no estamos comiendo durante un tiempo prolongado, para garantizar el aporte de energía al corazón y al cerebro (al escasear la glucosa).
- Cuando alcanzamos unos valores de 0,5-1,5 mmol/l lo podemos considerar una cetosis nutricional ligera. El apetito disminuirá ligeramente y nos facilitará algo la pérdida de peso, pero no se considera el estado ideal cuando buscamos la «cetosis».
- Entre 1,5 – 3mmol/l lo denominamos estado de cetosis óptima y es el nivel que buscaríamos para maximizar la quema de grasa y aumentar la reducción de peso.
- Valores por encima de 3 mmol/l son excesivamente altos. No nos van a proporcionar mejores resultados y sin embargo pueden denotar que no comemos lo suficiente. En el caso de un paciente con diabetes tipo 1 nos estarían avisando de que los niveles de insulina están siendo insuficientes, por lo que nos alertaría para buscar ayuda médica lo antes posible.
- En casos normales, nunca se alcanzarán valores que sobrepasen los 8–10 mmol/l mediante una dieta cetogénica. Si así fuera, sería porque nos encontramos ante un paciente con diabetes tipo 1 con riesgo importante de desarrollar un coma cetoacidótico. Requeriría atención urgente porque es una situación muy grave. Se acompaña de náuseas, vómitos, dolores abdominales, la sensación de estar gravemente enfermo e incluso confusión.

¿Y para qué querría yo utilizar este tipo de dieta?
Ciertamente. ¿Para qué te vas a querer quitar los hidratos, que tanto te gustan?
- Para perder peso. El estado de cetosis, como he comentado antes, favorece la «quema» de grasa. Es decir, se va a utilizar predominantemente la grasa como combustible. Además, los hidratos, en su almacenamiento añaden bastante agua, contribuyendo así al mayor peso (un porcentaje importante de la pérdida de peso al iniciar una dieta de este tipo tiene que ver con que se pierde el agua asociada al glucógeno almacenado). Pero también, el consumo de mayores cantidades de grasa junto con proteína es más saciante. Y el estado de cetosis también disminuye el apetito. Así que lo que ingerimos nos va a saciar más, el estado de cetosis también disminuye el hambre y vamos a utilizar los depósitos de grasa para obtener energía, con lo cual se va a incrementar mucho la pérdida de peso.
- Control de la glucemia. Al contrario de lo que se podría esperar, teniendo en cuenta que el aporte de glucosa externo va a ser escaso, los niveles de glucosa en sangre tienden a mantenerse más estables (ya que no hay tantos picos secundarios a grandes aportes dietéticos). Esto va a influir en el siguiente punto, pero también es muy beneficioso para las personas con Diabetes Mellitus, especialmente las que tienen tipo 2, puesto que estamos reduciendo los picos de insulina (a los que el organismo se ha vuelto parcialmente resistente) y estamos favoreciendo mediante este tipo de dieta la pérdida de grasa intraabdominal, que se ha visto que puede tener que ver con el deterioro progresivo de las células de los islotes Beta del páncreas.
- Claridad mental. Los aportes constantes de energía (no a picos, como suele ocurrir con la alimentación a base de azúcares) favorecen un estado de mayor concentración y claridad mental (aunque este estado puede tener que ver también con el tipo de combustible y no tanto con los niveles estables).
- Mayor rendimiento en deportes de resistencia. Al ser un combustible que no se agota, como el glucógeno, se ha visto, en deportistas habituados, que el rendimiento es mayor, sin necesidad de aportes extra durante pruebas de resistencia de larga duración.
- Epilepsia. Favorece el control de las crisis en epilepsias resistentes.
- Mejora algunos marcadores metabólicos. Generalmente, las personas que siguen esta dieta mejoran sus niveles de glucosa en sangre, la tensión arterial, su perfil de colesterol y de triglicéridos.

¿Y tiene alguna contraindicación o efectos secundarios?
En general, la adaptación del cuerpo a la dieta suele incluir algunos cambios que muchas veces generan algunos efectos desagradables o molestos, pero que se pueden minimizar mucho si se siguen las siguientes recomendaciones.
- El efecto más llamativo al inicio es una pérdida de peso rápida. Esta pérdida suele ser principalmente de agua, debido a que disminuyen los depósitos de glucógeno y el glucógeno suele almacenarse junto con mucha agua en el cuerpo. Si ingerimos carbohidratos, el peso volverá rápidamente.
- Un estado «pseudo-gripal» (en inglés la llaman «keto flu»). Está causada por lo que he comentado más arriba. Al disminuir la ingesta de hidratos se pierde mucha agua que antes se encontraba asociada al glucógeno. Te darás cuenta de que orinas con mucha más frecuencia. En este proceso de pérdida de agua se van a perder también algunos iones (sales minerales). Hasta que el cuerpo se adapta se provoca un estado de deshidratación ligera que provoca estos síntomas que recuerdan a una gripe leve (Dolores de cabeza, cansancio, mareos y a veces nauseas, y en ocasiones irritabilidad). Para prevenirlo, es importante hidratarse bien y sobretodo tomar un aporte extra de sal al inicio. De hecho, si al iniciar la dieta te encuentras mal (dolor de cabeza, mareos, te sientes muy débil) a veces tomar un vaso de agua con algo de sal hace que se te pase. No es una mala práctica tomar caldos (de verdura, de carne, con sal añadida) para hidratarse al inicio de la dieta.









