
Esta meditación busca provocar determinadas emociones que se considera que son beneficiosas para nuestro organismo de por sí. Además, se basa en el principio de la unidad de las cosas (la dualidad no existe, el otro-yo. Cada cosa forma parte de un todo interrelacionado). No quiero adelantarte nada porque también quiero que examines los sentimientos que te surgen al realizarla. Así que vamos con el audio.
¿Qué tal ha ido? ¿Te ha costado? Esta meditación le resulta difícil a mucha gente al principio. Les cuesta entender que podamos desearles el bien a nuestros enemigos. Sin embargo, esta práctica se fundamenta en la unicidad de las cosas, en la interrelación. Igual que le deseamos el bien a las personas que queremos, debemos también deseárselo a las que odiamos o a las que nos odian y al resto de seres vivos del planeta. En realidad, no podemos vivir aislados, así que necesitamos al resto de seres con los que convivimos, y necesitamos que estén en su justa medida, manteniendo el equilibrio que hace que todo funcione bien, que nosotros y nuestro ecosistema estemos «saludables». Igualmente, si a nuestros enemigos les van las cosas bien, es menos probable que se dediquen a hacer el mal o a hacernos daño que si les van las cosas mal y son infelices. Una persona infeliz tiende a ser más destructiva que una persona feliz. Suele perder su capacidad de ser empática con el otro y se queda atrapada en su drama personal. Si intentamos estar todos un poco mejor, es probable que se produzca un cambio a mejor a nivel global. La emoción de amor sincero está muy relacionada con la aceptación del otro incondicional, con la comprensión de sus defectos sin enjuiciarlos. Esta actitud hacia los demás y hacia uno mismo es algo que hemos de cultivar para que aparezca de manera natural. Ese es el camino.
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